El término "maximalismo de Bitcoin" funciona frecuentemente como un ataque peyorativo diseñado para invalidar los argumentos económicos y técnicos de quienes priorizan a Bitcoin sobre otros criptoactivos. Esta etiqueta, acuñada originalmente por Vitalik Buterin en 2016, busca encasillar a los usuarios en una narrativa de irracionalidad, fundamentalismo religioso o toxicidad para evitar debates profundos sobre las propiedades monetarias. La superioridad de Bitcoin no emana de un dogma ciego, sino de un análisis crítico de sus efectos de red, descentralización y resistencia a la censura frente a miles de alternativas que no logran replicar su solidez. Adoptar acríticamente este insulto como identidad propia alimenta una percepción falsa de extremismo; por el contrario, la postura bitcoiner representa una conclusión lógica tras investigar la escasez digital y el libre mercado. La proliferación constante de nuevas criptomonedas suele responder más a la intención de sus creadores de acumular más bitcoins que a una innovación tecnológica real.
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